Lo que la imagen no ve — y lo que la ciencia lleva décadas intentando explicarte

Por Luisma Sevillano – Kinê ®

dolor de espalda

Si tienes poco tiempo, necesitas saber:

  1. El dolor lumbar crónico no siempre viene del daño estructural.
  2. La resonancia puede mostrar hernias o protusiones en personas sin ningún dolor.
  3. El movimiento progresivo (ejercicio) es hoy la intervención con más evidencia científica.

En el artículo completo te explico y desarrollo el porqué.

  • Si prefieres contactarme para que te ayude, tienes mis datos de contacto al final del artículo.
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Llevas meses con dolor de espalda. Has ido al médico, te han hecho pruebas, quizás incluso una resonancia magnética. El resultado: «tienes una pequeña hernia», «hay un poco de artrosis», o directamente «no se ve nada grave». Y sin embargo el dolor sigue ahí.
Si esto te suena familiar, no estás solo. Y lo más importante: no estás inventándote el dolor.

La resonancia muestra estructura. El dolor no es estructural.

En 2015, un metaanálisis publicado en AJNR American Journal of Neuroradiology analizó las resonancias de 3.110 personas sin ningún dolor de espalda. Los resultados fueron llamativos: el 37% de personas de 20 años ya mostraba degeneración discal. A los 50 años, ese porcentaje alcanzaba el 80%. Las protrusiones discales aparecían en el 29% de los adultos sanos de 20 años, y en el 43% de los de 40 (Brinjikji et al., 2015).

Para que me entiendas, te lo traduzco: tener una hernia o degeneración visible en la resonancia es, estadísticamente, casi tan común como tener canas. No es necesariamente una señal de daño activo ni la causa de tu dolor.

Esto no significa que las hernias no puedan causar dolor. Pueden hacerlo, especialmente cuando hay compromiso neurológico real (por ejemplo: ciática con déficit motor o en casos de pérdida de sensibilidad). Pero, en la gran mayoría de los dolores lumbares crónicos que no siguen ese patrón, la estructura visible en la imagen no explica el sufrimiento de la persona que la tiene.

«Tener una hernia o degeneración visible en la resonancia es, estadísticamente, casi tan común como tener canas.»

dolor de espalda

Entonces, ¿qué es el dolor lumbar crónico?

El dolor es una experiencia producida por el sistema nervioso y el cerebro, no por los tejidos. Esta frase, que puede sonar contraintuitiva, es el fundamento de la neurociencia del dolor moderna y está respaldada por décadas de investigación, desde los trabajos pioneros de Ronald Melzack y su Teoría de la Compuerta en los años 60, hasta el modelo biopsicosocial desarrollado posteriormente por Gordon Waddell.

El cerebro genera dolor cuando interpreta que existe una amenaza suficiente para el organismo. No cuando hay daño objetivo. Esta distinción es fundamental.

En el dolor lumbar crónico, el sistema nervioso central entra en un estado que los investigadores llaman sensibilización central: el umbral de activación se reduce, el sistema se vuelve hipersensible, y movimientos o posturas que antes eran neutros empiezan a interpretarse como peligrosos. El resultado es dolor real, que no estás imaginando, pero cuyo origen no está en el disco intervertebral, sino en cómo tu sistema nervioso ha aprendido a procesar la información.

Este mecanismo está documentado en estudios como el de Woolf (2011) en Annals of Internal Medicine, que describe la sensibilización central como un factor clave en el mantenimiento del dolor crónico más allá del daño tisular (hace referencia al daño en los tejidos del cuerpo) inicial.

¿Qué mantiene encendido ese sistema de alarma?

Aquí es donde la cosa se complica, y también donde se abre la posibilidad de intervenir. Varios factores contribuyen a mantener activo el sistema de dolor:

  • El miedo al movimiento (kinesiofobia). Cuando el dolor ha aparecido al agacharte, al girarte o al coger un poco de peso, el cerebro aprende a anticipar el peligro en esos movimientos. Empieza a generar dolor antes de que el movimiento ocurra, como señal preventiva. Este ciclo de evitación y miedo está bien documentado en el modelo Fear-Avoidance de Vlaeyen y Linton (2000), uno de los marcos teóricos más influyentes en el abordaje del dolor crónico.
  • El sedentarismo y la pérdida de capacidad física. La musculatura que rodea la columna —especialmente el multífido y el transverso abdominal— pierde activación y fuerza cuando se deja de usar. Esto no genera más daño estructural, pero sí reduce la capacidad del sistema para manejar cargas externas (por ejemplo: cargar bolsas, subir cuestas o levantarse del suelo), lo que a su vez alimenta la percepción de vulnerabilidad.
  • El estrés, el sueño y el estado emocional. El sistema nervioso autónomo y el eje del estrés (HHS o eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal) modulan directamente la sensibilidad al dolor. Una persona que duerme mal, está bajo presión laboral o atraviesa un momento emocionalmente difícil tiene umbrales de dolor más bajos. Esto no es «el dolor es psicológico», en el mal sentido de la expresión — es fisiología humana.
  • Las catastrofizaciones y las creencias erróneas. Pensar que «mi espalda está destrozada», «no puedo coger peso» o «cualquier movimiento me puede lesionar» son patrones cognitivos que alimentan directamente la sensibilización central. Sullivan et al. (2008) demostraron que la percepción de injusticia y el catastrofismo predicen mejor la discapacidad a largo plazo que el propio nivel de dolor.

«El cerebro aprende a anticipar el peligro en esos movimientos. Empieza a generar dolor antes de que el movimiento ocurra.»

dolor de espalda

¿Qué dice la evidencia sobre el abordaje?

Las guías internacionales más recientes —incluyendo la publicada en The Lancet en 2018 por Hartvigsen et al.— coinciden en varios puntos que van en contra de lo que probablemente te han dicho:

  • El reposo no resuelve el dolor lumbar crónico. De hecho, lo perpetúa. La inmovilización prolongada aumenta la sensibilización central, reduce la capacidad muscular y refuerza el ciclo de miedo-evitación.

  • El ejercicio físico progresivo es la intervención con mayor evidencia. No cualquier ejercicio, y de cualquier manera. El ejercicio eficaz en dolor lumbar crónico cumple tres condiciones: es progresivo (empieza donde está el sistema hoy, no donde debería estar), es individualizado (no existe un protocolo universal), y va acompañado de educación en neurociencia del dolor para romper las creencias que mantienen el sistema de alarma activado.

  • La educación en dolor tiene efectos medibles por sí misma. Explicar cómo funciona el dolor, qué papel juega el sistema nervioso y por qué el movimiento seguro es parte de la solución tiene impacto real sobre el dolor y la función. Esto está respaldado por los trabajos de Lorimer Moseley, investigador australiano y referencia mundial en neurociencia del dolor, cuyo programa de Pain Neuroscience Education ha mostrado resultados significativos en múltiples ensayos clínicos.

¿Qué significa esto en la práctica?

Si llevas meses o años con dolor lumbar y la resonancia «no muestra nada grave», esto es lo que probablemente necesitas —y lo que probablemente nadie te ha ofrecido todavía:

  • Entender qué está pasando realmente. Sin tecnicismos, sino de forma que cambie cómo percibes tu cuerpo y tu dolor. Solamente ese cambio de perspectiva ya tiene efecto real.

  • Empezar a moverte de forma progresiva y guiada. No necesariamente en un gimnasio entre máquinas, ni siguiendo una tabla genérica de YouTube. Con alguien que conozca tu historial, tus miedos, tus limitaciones reales y tu punto de partida hoy.

  • Recuperar la confianza en tu cuerpo. Esto es lo que más tiempo lleva y lo que más cambia la vida cuando ocurre. El objetivo no es no tener nunca más molestias —no sería realista— sino que el dolor deje de controlar lo que puedes y no puedes hacer, que pase a ser algo puntual y residual.

«El objetivo no es no tener nunca más molestias. Es que el dolor deje de controlar lo que puedes y no puedes hacer.»

En definitiva, el dolor lumbar no es una condena. Es un estado del sistema nervioso que, con el abordaje correcto, puede cambiar. La evidencia científica lo respalda. Yo lo vivo cada semana con las personas a las que ayudo.

«Si llevas tiempo con dolor y quieres saber si puedo ayudarte, escríbeme y agendamos una llamada gratuita para realizar la entrevista inicial.»

 

 

 

Luisma Sevillano · Graduado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte · Máster en Ejercicio y Nutrición para la Salud · Especialista en dolor lumbar, personas mayores y readaptación funcional · Leganés, Comunidad de Madrid · info@kinetrain.com · 608 208 269 · kinetrain.com

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Referencias:

  • Brinjikji, W. et al. (2015). Systematic Literature Review of Imaging Features of Spinal Degeneration in Asymptomatic Populations. AJNR Am J Neuroradiol, 36(4), 811–816.
  • Hartvigsen, J. et al. (2018). What low back pain is and why we need to pay attention. The Lancet, 391(10137), 2356–2367.
  • Vlaeyen, J.W.S., Linton, S.J. (2000). Fear-avoidance and its consequences in chronic musculoskeletal pain. Pain, 85(3), 317–332.
  • Woolf, C.J. (2011). Central sensitization: Implications for the diagnosis and treatment of pain. Pain, 152(3 Suppl), S2–15.
  • Sullivan, M.J., Adams, H., Horan, S., Maher, D., Boland, D., & Gross, R. (2008). The role of perceived injustice in the experience of chronic pain and disability: Scale development and validation. Journal of Occupational Rehabilitation, 18(3), 249–261.

14 respuestas

  1. Me siento identificado con ese dolor lumbar y lo que las resonancias magnéticas no perciben o perciben erróneamente.
    Gracias por recordarnos la importancia del movimiento progresivo que tanta ayuda nos está aportando a muchos de nosotros.

  2. Luisma,muy interesante como todo lo que haces.
    Este informe que has publicado nos ayuda a comprender mejor lo que nos pasa gracias por toda tu dedicación.
    Yo por mi parte no tengo más que elogios hacia ti y hacia tu trabajo conmigo ,porque gracias a estar entrenando contigo ahora puedo llevar una vida normal y es más mis hernias se han reasorbido.
    Yo animo a todo el mundo a qué tengáis una entrevista con el.
    Gracias Luisma por estar siempre presente.

  3. Me parece un estudio muy interesante, hay que ponerse en manos expertas, como las tuyas, y seguir tus indicaciones. Sobre todo cuando pasas muchas horas sentado delante de una pantalla.
    Gracias.

    1. Muchas gracias a ti Lorenzo, intentamos actualizarnos todo lo que podemos para estar al día. Haces bien moviéndote si estás mucho tiempo sentado trabajando, ¡Sigue así!

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